La moda del año: las bodas

No sé si es solo una impresión mía, pero este año parece el año de las bodas. Puede que sea porque la gente le da más credibilidad de la que se creía al hecho de que los mayas predijeran el fin del mundo para el 21 de diciembre de 2012 (ya habrá una entrada sobre ello), o como una forma de recaudar fondos en estos tiempos de crisis que nos acechan; pero al menos en mi entorno social este año han surgido las bodas como las setas en otoño, ¡a mogollón!

La verdad es que hay bodas de todos los tipos, están los que después de muchos años de novios deciden casarse con toda la ilusión del mundo para llevar una vida juntos; los que se pasaron años renegando, diciendo que las bodas no iban con ellos y que al final terminan pasando por el aro y por el altar, por supuesto; los que se casan porque piensan que les ha tocado el turno y que después de ver a todos sus amigos casarse, ya va siendo hora de que lo hagan ellos, y los que a pesar de llevar poco tiempo juntos y apenas conocerse, deciden que qué mejor manera de empezar una relación que uniendo sus vidas “para siempre”.

Para una, que aun tiene su parte romántica, le resulta duro ver esas bodas donde el romanticismo ha dado paso al mercantilismo, porque sí, aunque sea triste reconocerlo, hoy en día la mayoría de las bodas no se celebran por amor, sino por dinero, por sacarle a los amigos y familiares un poquito de dinero para tapar algún agujero pendiente o darse algún caprichito, y es que te lo dejan bien claro en el momento en que te dan al invitación, ya no con la lista de bodas de El Corte Inglés, no, ahora lo último es que te la den ¡junto al número de su cuenta corriente! Y no quiero decir que estas parejas con afán de ganar dinero con su boda no se amen y todo eso, no, lo que quiero decir es que no es el amor lo que les lleva a dar el paso de casarse, y que ni siquiera saben lo que significa el “matrimonio”, pues al fin y al cabo, si luego no va bien, tienen el divorcio express…

Por otro lado, y frente a esta tendencia, surgen, como notas discordantes, los que deciden casarse sin aceptar regalos de sus familiares y amigos, pues piensan que el mejor regalo que éstos les pueden hacer es compartir con ellos ese día, sin obligarles a que, porque ellos hayan decidido casarse, tengan que hacer un importante desembolso económico si quieren compartir con ellos ese día. La gente que opta por esta opción recorta sus gastos principalmente en el banquete y ofrecen un coctel con barra libre en vez de las comidas o cenas tradicionales con entrantes, primero, segundo, postre, etc., etc. Y, de verdad, ¿quién ha sido capaz de comerse alguna vez toda la comida que ponen en un menú de boda? ¡Es imposible! Y si alguien se lo ha comido, no me quiero ni imaginar cómo estaría al día siguiente, si es que vivió para contarlo, pues como dice el refrán: “De grandes cenas están las sepulturas llenas” 😉

También es curioso, que en las bodas mercantilistas suele haber cientos de invitados, pues cuanta más gente, más dinero te dejan, pero ¿a cuánta de esa gente tratas normalmente? ¿Para qué invitar al primo segundo del abuelo al que no has vuelto a ver desde que hiciste la Comunión y al que seguramente no vuelvas a ver nunca más? ¿Es necesario invitar a todas las personas con las que alguna vez has quedado a tomar un café?

Así que, frente a la tendencia consumista y excesiva, aboguemos por bodas más sencillas en las que lo importante sea el amor, y no lo que éste te deje.

Y como consuelo para todos aquellos a los que no les gusten las bodas, parece que el 2013 será un año de descanso, pues ya se sabe que el trece y las bodas en sinónimo de mala suerte ;-P